martes 13 de octubre de 2009

Corazonada

A Jose Muñoz

Si no logro parar
de darte vueltas en mi mente
y no alcanzo a expresar
lo esplendido de esta suerte …
es que quiero estar con vos.
Ahí, donde no existen las palabras,
ni existe el silencio.
Ahí donde solo existen vos
y mis ganas de tomarte,
de existir a tu lado,
de entregarme completa,
en ese lugar escondido y nuestro
donde aprendí por un vez
a abrir los ojos por las mañanas
nuevas, todas, nuestras
y encontrar que la vida
es más hermosa de la cuenta
que es maravillosa, nuestra
algo así como estar con vos
perdida en tu respiración,
en los latidos de tu corazón,
cerca de tu pecho, emocionada.
Permanecen en mi memoria táctil
las caricias de este momento
-lunes, lo recuerdo-
que pasó por nosotros
–también nuestro –
aunque nos huyera el tiempo
y censurara esta pasión
absurdamente intensa.
Estos momentos hermosos
que han pasado a formar parte
del tapiz de mi piel –el tiempo-
esta piel que ahora te pertenece.
Amor, si te deseo así,
es porque me he encontrado en ti primero,
por la convicción de que te puedo dar mi miedo,
en forma de piedra
o cristal
o este material manchado
y herido
que se moldea
y se adapta a vos,
este que viene a ser mi carne…
El mudo testigo de mi fragilidad inmensa,
desnudo ante ti, sin razón,
sin garantías de nada,
más que esta extraña
y casi imposible
corazonada.
Si te miro así, amor,
alucinada,
con los ojos extraviados
como sorprendidos,
es porque aun me cuesta creer
que no me estoy equivocando,
que te encontré sin andarte buscando,
sin el angustioso dolor de la espera…
Que me abofeteara así el destino,
con la verdad negada,
que siempre queda algo hermoso
por lo que luchar,
como esos besos,
que esperan en cada recoveco.
Que están latentes la química y los cuerpos.
Que la brisa que un día nos cegó
hoy nos alegra
y por dentro nos devora algo que repta
y cubre nuestro interior
y no es precisamente frío
sino mas bien febril.
Algo que es intenso
y me acelera
y me hace buscarte
y sonreir
y mirarte…
Y querer desaparecer
en esta gloria de aromas y luces
y ganas de quererte
y estar con vos
que es
como lo que se ha vuelto majestuoso
de la escena cotidiana
que antes me oprimía el pecho
y me obligaba a andar
descalza y agachada
tratando de mirar al suelo
con la vista nublada
y con ganas de llorar.